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Citas de hombres igualitarios

Frases famosas sobre la Igualdad - Pensamientos de equidad y justicia

Dios mío, creo que cualquiera que no se considere feminista no tiene idea de lo que esa palabra significa". O eres feminista o no lo eres. Yo estoy criando a dos niñas y les digo: Podéis ser hermosas e inteligentes. Podéis ser todas las cosas". Los huevos son débiles y sensibles. Es tener las mismas oportunidades y los mismos derechos, y todo el mundo debería ser feminista".

Ese mundo que queremos construir es lo opuesto al puritanismo". Para poder comentar debes estar registrado y haber iniciado sesión. Te recomendamos en Tikitakas. Vive tu propia aventura , encuentra mujeres deseando conocerte y disfrutar de una buena cita. La masculinidad, al otorgar poder también exige mantenerse masculino. La masculinidad conlleva dolor, pero también un modelo rígido de conducta a cambio de la legitimidad del uso del poder.

El modelo mito-poético masculino presenta un hombre como viril, o sea, como: Todas estas conformaciones son utilizadas en los discursos patriarcales para señalar porqué las mujeres no son iguales a los hombres y por ello tienen restringido el acceso al poder. Pero qué pasa cuando un hombre no detenta todos estos ítems. Por desgracia intentarlo, o fingirlo, forma parte de la masculinidad tradicional.

Es la virilidad la que mantiene el poder efectivo de los varones sobre las mujeres y sobre otros hombres. En un conformación paradójica, este aislamiento es la clave para conservar el patriarcado: Tener el poder significa, no lo olvidemos, controlar al resto. La necesidad de situar quien manda sobre quien pasa por identificar el nivel de virilidad. Es por ello que los hombres se controlan entre ellos manteniendo el juego del patriarcado en una constante competencia masculina. Este proceso explica la persistencia de la homofobia en el mundo masculino por medio de la policía del género en la que se convierten todos los hombres que quieren mantener sus privilegios masculinos.


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Con esta visión entendemos cómo son vistos los hombres igualitarios por parte de los hombres antifeministas. El respeto y el valor hacia lo que puedan manifestar los hombres igualitarios desciende del mismo modo que descienden en la escala de la virilidad. Es por ello que los hombres igualitarios son asumidos como aducidos por las feministas y menos hombres que los hombres de verdad. La percepción de cambio en la concepción masculina es un punto a destacar pues desarticula los discursos naturalizadores que impiden el cambio hacia masculinidades igualitarias.

Aquí se encuentra la importancia de percibir las estructuras en todo su poder normativo. Tanto el concepto de virilidad como el de hegemonía son ramas visibles del proceso de esencialización masculina y pilares mito-poéticos sexistas. Percibir esta cuestión es una herramienta que señala a los hombres la variedad de masculinidades posibles que son invisibilizadas en una estrategia patriarcal. Para que la hegemonía sea durable necesita de la correspondencia entre la idea cultural y el poder institucional.

Este es el juego que se realiza con el patriarcado y sus sistema de perpetuación. La acción de modelos alternativos y deslegitimación de la base cultural como la idea de igualdad puede hacer bascular la hegemonía hacia otros modelos. Por el momento los modelos hegemónicos de masculinidad coinciden con ciertos modelos tradicionales, pero van perdiendo fuerza modelos tradicionales excesivamente sexista en nuestras sociedades.

Desde las asociaciones de hombres igualitarios los elementos venidos desde la academia se convierten en herramientas para el trabajo sobre la identidad masculina y para la acción política. Recuperar esta visión recuerda que la sociedad es acción social, por lo cual las acciones conforman los modelos. Pero la importancia de rescatar la teoría de la acción social en los grupos de hombres igualitarios es la demandad de actuar como tal.

Los hombres profeministas igualitarios se inscriben en un compromiso con la igualdad, por la cual sus acciones construyen, progresivamente, nuevos modelos relacionales. Gracias a los esfuerzos de décadas de lucha feminista se ha popularizado la perspectiva de los roles de género y la construcción social del género mismo. Los estudios sobre masculinidades siguiendo la estela de los estudios de mujeres nos indican la posibilidad de cambio y la mejor dirección para su desarrollo.

Siguiendo la estela del feminismo los estudios de masculinidades proponen trabajar hacia una mejora tanto de la sociedad como de los individuos, mujeres y hombres. Entre otros problemas hemos mencionado las carencias masculinas generadoras de dolor46, las desorientadoras contradicciones de los mandatos de género en los varones, la constante competitividad masculina47 y la dominación producida por masculinidades hegemónicas ideales48 sobre las masculinidades subordinadas.

Masculinidades, , Universidad Nacional Autónoma de México. Esta idea se encuentra en los comentarios de hombres ante propuestas feministas y sobre todo en su actitud hostil frente las actitudes igualitarias. Es posible que la cultura masculina del poder que tiende a la conquista y uso autoritario del mismo no permita ver, a priori, una forma de compartir el poder. Vemos estas posturas absolutistas en ejemplos de estructuras de lógica androcéntrica como la realeza, los padres de familia o los hombres justos, duros y solitarios, como Harry el Sucio.

Posiblemente la educación masculina orientada hacia la lucha y el mantenimiento de las jerarquías en cuanto a mantenimiento de los privilegios propios , ve los avances feministas como cesiones, o pérdidas, de poder y no como oportunidades de corresponsabilidad y de ganancia social. Es por ello la gran importancia de los grupos de hombres para el feminismo pues asumen la tarea de explicar a los hombres que el feminismo no arrebata el poder, lo comparte. Anexo III 51 Raquel Osborne recoge el proceso por el cual la amenaza de violencia directa y la violencia indirecta ejercida sobre las mujeres y la socialización en el don de cuidados y amor mantiene a las mujeres en posición de subordinación.

Así mismo señala que el proceso de dominación ha sido interiorizado tanto por los hombres como por las mujeres y desobedecer esta directriz causa desconcierto y conflictos. A pesar de este hecho, no es menos cierto que compartir el poder no es sino eliminar la subordinación hacia las mujeres. Si comparamos el machismo con la esclavitud, es cierto que liberar a los esclavos elimina el poder que se tiene sobre ellos. Pero por otro lado también libera de las responsabilidades que se tienen sobre ellos al tiempo que corrige la ética de la sociedad entera.

Es lógico pensar que en un sistema donde una parte de la población tiene un mayor valor social ésta va a pretender conservar los privilegios. Pero, por eso mismo, es interesante mostrar a los hombres cómo el sistema patriarcal es también perverso también con los hombres Para nuestras sociedades donde la igualdad y la justicia son pilares éticos, mantener una sociedad consecuente con su ética es de extrema importancia.

Cualquier hombre tiene intrínsecamente un don especial que lo posiciona por encima de cualquier mujer. También Connell señala la violencia que se ejerce sobre otros hombres para asegurar la virilidad en un ejercicio de imitación de modelos hegemónicos. Estos modelos limitan estrictamente la capacidad de libertad masculina. La tesis de Kaufman muestra que las carencias emocionales adquiridas por los hombres en su socialización generan dependencia y dolor para los varones.

Isis internacional y Flacso. Esto explica cómo se desdeña el valor del trabajo de mujeres que ostentan poder desde sectores masculinos mucho peor posicionados socioeconómicamente. De esta forma se explica la necesidad de masculinización de las formas de poder en manos de mujeres para evitar la deslegitimación por parte de los varones.

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Masculinizarse es una forma de legitimarse, al tiempo que se legitima la asociación de los valores y el poder a lo masculino Los grupos feministas en sus distintas formas van teniendo la ayuda cada vez mayor de grupos de hombres igualitarios que comparten la visión de un futuro igualitario y de una realidad actual de discriminación y dominación de las mujeres.

Los valores positivos son valores humanos y han de ser promovidos en todos los individuos de la sociedad de la misma forma que los valores negativos han de ser denostados sin atender al sexo de una persona. La mujer es lo otro, lo irracional, y por ello se la puede cosificar como se hace con el enemigo. No solo vindica la igualdad sino que pone en el acento en que los valores tradicionalmente femeninos son tan bueno, si no mejores, que los masculinos para la humanidad.

Hemos mencionado la relación entre el feminismo, el cambio que éste produce en la sociedad y cómo dicho cambio modifica otras realidades, como es la de los varones. Los avances en empoderamiento femenino sirve de ejemplo para los hombres que necesitan un cambio en su posición dentro de la estructura patriarcal donde estamos todos y todas insertos. Por otro lado el aumento de libertad y acceso al poder de las mujeres desplaza la parte del poder que en exclusiva tenían los hombres. Este proceso lo viven los varones de formas muy diferentes habiéndolos que rechacen estos cambios en pro de los beneficios que los hombres obtienen de la subordinación de las mujeres.

A pesar que constitucionalmente mujeres y hombres son iguales en España, la realidad social es otra muy distinta. Tal y como el feminismo vindica tras la igualdad formal queda un largo trecho La situación actual en la que se han dado éxitos para la liberación de las mujeres pero no se ha llegado a una igualdad real es el marco en el que se manifiestan distintas posturas por parte de los hombres respecto a las mujeres.

Lo que en un principio se muestra como una dualidad: Grupos de hombres igualitarios: Los grupos de hombres que aceptan la igualdad como deseable pero mantienen divergencias importantes. Así mismo estos grupos no parecen implicarse profundamente en la lucha por la igualdad. Grupos de hombres antifeministas: Los grupos de hombres antifeministas no parecen tener redes fuertes entre sí, pues la misma sociedad es estructuralmente antifeminista y no son necesarias las redes de apoyo mutuo que ayude a mantener una postura alternativa.

Entendemos que dentro de la denominación de grupos de hombres igualitarios profeministas existen una gran cantidad de asociaciones de mayor o menor tamaño con distintas características. Lo que diferencia a los grupos de hombres igualitarios profeministas de otros grupos no es la intensidad de su actividad asociativa ni la profundidad de su presencia social.

Los elementos que llevan a un grupo de hombres a que los definamos como igualitarios y profeministas es la relación fundamental de la asociación con el feminismo radical y su motivación en relación con la teoría de género y los roles de género masculinos. En sus Estatutos se recogen los siguientes puntos a modo de declaración de intenciones: Actuando especialmente contra la tradicional discriminación sufrida por las mujeres. Se definen a sí mismos como inscritos dentro del movimiento de hombres por la igualdad que surgen de los profeministas de los Dentro de la sección homónima, explican por qué medios mantienen esta democracia participativa dentro de la dirección de su asociación.

Como grupo igualitario profeminista dejan patente su compromiso ante la discriminación y el sexismo y reconocen como necesaria la igualdad entre mujeres y hombres. Se hermanan con las demandas del feminismo radical desde grupos de hombres reclamando los mismos cambios sociales. Es por ello que hemos nombrado anteriormente a este tipo de grupos con el nombre, en apariencia redundante, de: Como vemos los grupos de hombres igualitarios profeministas buscan los mismos fines que los distintos grupos feministas radicales, es decir la igualdad real y frente al patriarcado que es la causa de la desigualdad.

La diferencia frente a sus compañeras se encuentra en el énfasis que se hace en los grupos de población objetivo. El empoderamiento de las mujeres y la defensa de sus derechos parece una responsabilidad adquirida por los grupos feministas debido a su larga trayectoria de lucha y su condición de subordinadas en las relaciones de género. Por el contrario, los grupos de hombres se acercan a los varones en un ejercicio de sensibilización y concienciación de responsabilidad, desde la perspectiva de los dominantes ciegos a la dominación. El manifiesto por el desarrollo de políticas de igualdad dirigidas a hombres por AHIGE reconoce el origen social de las masculinidades y la influencia de la teoría de género.

Es necesaria para este proceso la creación de nuevos valores y nuevas masculinidades que permitan evolucionar hacia sociedades pacíficas, libres de violencia machista y violencia en general. Se reconoce la responsabilidad histórica de los hombres en las circunstancias que ha generado el machismo, como es la violencia hacia las mujeres y otros hombres y la situación de dominación masculina. En este punto se unen tanto las tensiones individuales de la pareja como los conflictos que ambos individuos portan como representantes de ambos grupos sexuales. En el proceso de separación y divorcio se entrecruzan muchos campos tanto personales como de grupo, estereotipos, mandatos de género, leyes, etc.

En los conflictos de separación parece existir una asunción general de las responsabilidades y mayores capacidades maternas que paternas en las resoluciones judiciales. Este hecho tiene diversas implicaciones. En principio, la visión de las mujeres como su esencia maternal promovida por la sociedad patriarcal lleva tanto al mito de esta situación como a la realidad misma de que: La Unión Europea también aprobó un documento Los hombres y la igualdad de género donde establece la igualdad de género como uno principio fundamental de la UE. Ambas políticas de acción han de darse sin detrimento de financiación del otro.

Pero estas dos alternativas, se relacionan de forma desigual con los modelos de varones en una relación de matrimonio heterosexual con descendencia. Los varones pueden haber seguido el modelo normativo que les aleja relativamente de las implicaciones emocionales con su familia o haber aprendido, o desarrollado, modelos alternativos de paternidad, por los cuales se habrían implicado mucho afectivamente en el desarrollo de su descendencia.

Las combinaciones posibles de las parejas son extremadamente diversas. Pero tenemos en consideración que la misma sociedad que reproduce los modelos normativos de género en las mujeres y hombres en cuanto a la paternidad y el hogar también los reproduce en cuanto a jueces y legisladores. Por lo tanto, y teniendo en cuenta, que los roles de género hegemónicos son los que asignan a las mujeres los cuidados y a los hombres la manutención, no es sorprendente que los jueces y leyes reproduzcan estos estereotipos en sus sentencias, incluyendo la naturalización de la subordinación de las mujeres a los varones en las parejas.

En este punto apreciamos que es la sociedad patriarcal la que otorga por sistema el rol de cuidadora a las mujeres y se la niega a los padres. De forma que si el rol hegemónico es el mayoritario, en la mayoría de las parejas se hace relativa justicia al reproducir este modelo en las sentencias. Esto es lo que reclaman las asociaciones de hombres igualitarios. Esta situación ha de ser también contemplada al tiempo que se demandan derechos ante la ley. Las demandas de igualdad en custodia compartida por parte de los grupos de hombres han de tener en cuenta esta situación.

Del mismo modo que sí tienen en cuenta la importancia de la percepción de igualdad desde la ley que demandan algunos grupos de hombres para unirse a la lucha por la igualdad efectiva de género. Es cierto, sin embargo, que si la impresión general de que la custodia es un tema legalmente femenino, es difícil promover una implicación real de los hombres en las responsabilidades del hogar. Existe, por lo tanto, una brecha entre la situación de asignación de roles que ha formado una población dividida realmente por estos mismo roles, que a su vez dan lugar a situaciones de realidades incorporadas como madres y padres respondiendo a roles hegemónicos.

La brecha se da entre la socialización diferenciada por género que produce individuos diferenciados por género, y las demandas de igualdad que aspiran a roles de género equivalentes e igualitarios. Los grupos de hombres igualitarios profeministas reconocen la situación diferenciada de partida, con desigualdad de roles y de poder, pero trabajan para una igualdad de derechos y equivalencia de roles.

Explica unos puntos de tensión: Para mantener el discurso igualitario coherente se enuncia la necesidad de implicar a los varones de forma igualitaria a las mujeres en el hogar y fuera de éste, es necesario reclamar igualdad legal también en las responsabilidades paternas hacia los hijos e hijas.


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  • Dentro de la sociedad patriarcal las costumbres machistas apartan a los hombres de su descendencia considerando que es obligación materna. Se socializa a hombres y mujeres en obligaciones diferenciadas. Reclamar la igualdad supone romper con estas tendencias culturales y uno de los puntos de trabajo es reclamar igualdad real de derechos ante las leyes y los que las ejecutan. Las mujeres son víctimas del machismo que se viven en los juzgados como los son del machismo que se vive en la sociedad.

    En el caso de la custodia de los hijos e hijas a raíz de un divorcio, los hombres denuncian su posición de inferioridad con respecto a las mujeres para obtener la custodia. Esta situación es sensible: La cesión de la custodia y de los medios materiales para el sustento a la mujer en un caso de divorcio tienen sus lógica en la situación de inferioridad tradicional de la mujeres frente a los varones y su justificación en la medida en que la mujer debe, tradicionalmente, supeditar su maternidad y obligaciones familiares a su carrera profesional. Las parejas heterosexuales que deciden divorciarse cuentan, en su mayoría, con una división por género muy marcada.

    La posición de hombres y mujeres no es igual de partida. Esta situación es la realidad todavía en la mayoría de las parejas españolas, con lo que un ejercicio de la ley compensatorio para ellas, es comprensible y justo. El modo en el que la ley sea aplicada depende mucho de cómo entienda el caso el juez o la jueza y cómo se resuelva el juicio.

    Aunque es cierto que existen hombres que han dedicado mucho esfuerzo a su familia y la resolución del juicio de su divorcio optó por las reglas del juego de la división de roles sexuales, obviando situaciones específicas de su pareja. Los grupos de hombres igualitarios profeministas son conscientes de estas cuestiones, y en sus posturas apelan al bien de las y los menores.

    La vinculación previa con los padres, situaciones particulares y la gerencia de organismos, como el servicio de mediación familiar, son esenciales para gestionar conflictos familiares y para decidir la idoneidad de la custodia compartida. Los varones que han trabajado en un alejamiento del modelo tradicional por el cual se desvinculaban de los afectos y obligaciones familiares tienen como resultado padres que han desarrollado vínculos tan fuertes como los de sus compañeras con sus hijos e hijas.

    La asignación de la tutela a las madres de oficio es una gran afrenta para los hombres que luchan para establecer la igualdad dentro de los hogares.

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    La formación e ideario de los grupos de hombres igualitarios profeministas asume en una parte muy importante la teoría de género aplicada al estudio de las masculinidades. Desde los teóricos de la masculinidad61 se muestra cómo el rol del varón, dominador en las relaciones de género, tiene también su lado negativo y su coste emocional. El sufrimiento masculino se explica principalmente por las carencias en competencias emotivas causa de un modelo masculino dirigido al éxito, la competencia, el control, etc.

    El embrutecimiento de los hombres no solo causa dolor en las mujeres sino en ellos mismos la violencia masculina se orienta hacia las mujeres, pero también hacia menores y otros hombres Los hombres, aprisionados por las masculinidades hegemónicas, empiezan, gracias al feminismo y a la teoría de género, a cuestionarse su masculinidad y el marco social que lo conforma.

    La teoría de género ayuda, por lo tanto, a liberar a los hombres del yugo patriarcal que les es impuesto: Los hombres igualitarios apoyan la lucha antipatriarcal y antisexista junto con las mujeres, habiendo encontrado el propio beneficio en el derrumbe de este sistema sexista. Los grupos de hombres cumplen una función importante al orientar a otros hombres que no se sienten conformes con las masculinidades hegemónicas. Los hombres atacan a otros hombres y a sí mismos por medio del control de la masculinidad y la noción de virilidad como norma.

    Las masculinidades tradicionales enseñan a los varones a protegerse del exterior formando identidades de guerreros blindados a todo ataque externo. Pero el punto débil de la identidad masculina es la masculinidad misma. Frente a esta debilidad el hombre debe mantener la guardia constantemente. Obviamente esta necesidad autoafirmarse como hombre de manera constante es cansada y muchos hombres renuncian ya sea por agotamiento o por falta de convicción en los mandatos de género. La identidad masculina depende de la afirmación continuamente, por lo tanto, renunciar a la autoafirmación por medio del cumplimiento de roles tradicionales puede llevar a un desconcierto vital y a una desorientación completa sobre su identidad.

    Si la puesta en duda de la masculinidad y de la identidad misma viene causada por los exigentes mandatos de género, los grupos de hombres se aseguran su masculinidad, y con ello su identidad, construyendo y reconstruyendo masculinidades alternativas compatibles con los valores modernos de igualdad. En el proceso de aceptarse como hombres completos, al tiempo que hombres de masculinidades alternativas a las tradicionales, el trabajo desarrollado por los feminismos durante años sirve tanto como apoyo teórico, como ejemplo o como apoyo militante.

    Una nueva masculinidad no patriarcal es lo que reclaman las mujeres empoderadas que no desean tener a un hombre sexista a su lado. Los grupos de hombres igualitarios profeministas apuestan por la igualdad militante hacia una sociedad sin sexismo y no patriarcal. En el fondo la necesidad de los grupos de hombres igualitarios de una sociedad no patriarcal es, en cierto modo, la misma que la de las mujeres feministas. Una sociedad no patriarcal que no tiene necesidad de mantener masculinidades tradicionales lesivas para los hombres y las mujeres.

    Los grupos de hombres igualitarios tienen sus propios intereses en alcanzar una sociedad no patriarcal. Esto puede verse como un defecto o como una virtud. Se puede criticar que el apoyo a las mujeres feministas es interesado y no les motiva el cambio por el cambio social por convicción moral. Que no es la eliminación de la opresión patriarcal a las mujeres en sí misma el origen del apoyo de los grupos de hombres igualitarios a las filas del feminismo.

    Pero esta meta egoísta hace de las motivaciones principales de los grupos de hombres igualitarios una virtud a la causa feminista. Pues son motivos sentidos e incorporados en las vidas de cada uno de los hombres de estos grupos los que motivan y empujan sus avances. Son sus sentimientos y sus necesidades las que les recuerdan día a día sus opiniones políticas. Los grupos de hombres igualitarios entienden que los hombres son un pieza importante, si no imprescindible en la consecución de una sociedad no patriarcal.

    Los grupos de hombres tienen una función muy marcada de grupo de ayuda. Unirse a un grupo de hombres igualitarios es unirse a un grupo de hombres cuyo mismo nombre incluye la oposición a la dominación masculina, al patriarcado, que es norma en nuestra sociedad y a las masculinidades hegemónicas. Producciones culturales como películas y libros, ciencia y normas reproducen la cultura hegemónica de dominación masculina. Los medios de comunicación y las expresiones populares, así como el humor al que estamos expuestos a lo largo de nuestra vida tienen, en su gran mayoría, la impronta patriarcal.

    La postura sexista frente a la acción social igualitaria tiene justificaciones sociales y legitimaciones naturalizadas que hacen muy difícil oponerse a esta perspectiva. Las mujeres que adquieren consciencia de la injusticia de la situación patriarcal tienen una oportunidad para alejarse de esta construcción social de dominación y legitima el patriarcado. Identificarse como hombre igualitario o profeminista crea la extrañeza de muchos hombres y mujeres, en gran parte por el desconocimiento sobre la historia y función del feminismo y en parte por desconocer las motivaciones que puede tener un hombre a querer modificar el sistema en el que a él le toca el mejor lado.

    Un motivo de la intranquilidad causado por esta posicion reside en la construcción misma de la masculinidad. De este modo, cuestionarse las masculinidades es un ejercicio arduo y difícil para muchos hombres que necesitan de grupos de autoayuda que permitan mantener una identidad y seguridad. Estos grupos posibilitan con su sustento de grupo poner en cuestión modelos y reglas que se pensaban incuestionables. El valor de los grupos de hombres igualitarios como grupos de autoayuda es incuestionable. Los grupos de hombres igualitarios y de mujeres feministas se complementan en su producción teórica y en cuanto a su activismo.

    Otro de los beneficios de las nuevas masculinidades aparece en el reconocimiento de las mujeres como un ser humano. Esta era la estrategia patriarcal para alejar a la mujer y poder dominarla como a otro. El alejamiento de los mandatos de género sexistas permite inversamente acercarse a las mujeres en toda su humanidad y variedad estableciendo lazos de igual a igual. Por ello, podemos decir que las nuevas masculinidades igualitarias y profeministas tienen el potencial de reconciliar a las dos mitades de la sociedad que el sexismo separó.

    Anteriormente definimos AHIGE o Heterodoxia como ejemplos de grupos de hombres igualitarios y profeministas65 pues algunos grupos de hombres rechazan el término profeminista por una asociación al feminismo radical al que ven excesivo, sin embargo reconocen simpatía por el feminismo liberal. El concepto igualitario queda confuso debido a su uso y es por ello que diferenciamos entre grupos de hombres solidarios y grupos de hombres igualitarios profeministas.

    Como ejemplo de grupos de hombres solidarios hemos tomado Al-Garaia, dentro del proyecto Eduacionsexual. Al-Garaia es una asociación de sexología con sede en Granada que desarrolla programas de educación sexual desde Educadora, Orientadora y Terapeuta Sexual. El sitio de internet propone distintos espacios como son: Educación sexual, Taller de caricias, listado de publicaciones, Terapias frente a trastornos, Hemeroteca de noticias de sexualidad y un breve informe del funcionamiento del teléfono de consulta Telesex. Dentro de sus actividades se incluyen la reunión de grupos de hombres.

    El grupo de hombres se reconoce implícitamente en el movimiento del lazo blanco que tienen referencias en distintos países. Se manifiesta la existencia de grupos de hombres en lucha contra el sexismo por la vía de la toma de conciencia y la reflexión personal. El grupo de hombres de Al-Garia se origina desde grupos de crecimiento personal dirigidos por el psicólogo Fernando Villadongos. Al-Garaia, junto con los grupos de hombres de Granada, Sevilla y Jerez, se define como hombres solidarios y denuncia la violencia masculina contra las mujeres así como señala como cómplices a los hombres que no se unan al compromiso de enfrentarse contra la violencia hacia las mujeres Los objetivos manifiestos del grupo de hombres se señalan en cuatro puntos.

    Adicionalmente a los puntos principales el grupo se posiciona con una perspectiva feminista de crítica al patriarcado. El patriarcado es visto como una estructura que oprime por igual a hombres y a mujeres obligando a asumir roles prefijados por la sociedad. Se enumeran una lista de mandatos a cumplir so pena de sanción social. Se entiende una teoría de género aplicada a la psicología clínica terapéutica de grupos al tiempo que un llamamiento a los hombres a alcanzar la lucha de las mujeres con 30 años de retraso.

    Queda claramente descrito el error de separar a ambos sexos en dos rivales que se combaten. Por lo tanto la lucha del grupo de hombres se entiende paralela a las demandas feministas del feminismo liberal. La división sexo-género, el sexismo y el patriarcado son puntos de reflexión en el posicionamiento del Al-Garia. Lo que llamamos micromachismos En el Al-Garia, se trabaja el yo masculino para favorecer un cambio personal frente al sexismo que es denunciado como lacra social. Pero asumir que la sociedad patriarcal oprime de la misma forma y del mismo grado a hombres y mujeres limita la capacidad de autocrítica necesaria para que los hombres trabajen su interior completamente.

    El grupo de hombres de Al-Garia asume que: Este discurso puede resultar muy resbaladizo y suele provocar el efecto contrario al deseado en las personas que lo reciben. Reconociendo una injusticia estructural que reproduce generación tras generación la dominación de una parte de la sociedad por parte de otra parte, es justo ver la influencia de la estructura tanto en la reproducción de la dominación como en los medios en los que se da. Las acciones influidas por la estructura patriarcal se hacen visibles en acciones llevadas a cabo tanto por hombres como por mujeres, en los distintos casos de dominación social.

    Es mediante actos concretos que se manifiesta la discriminación. Son acciones concretas que traen al terreno físico la estructura discriminatoria. Ser consciente de esta diferencia capacita tanto a hombres como a mujeres para un verdadero cambio individual, que les permita enfrentarse a un cambio social.

    Y este es uno de los puntos que separan a los grupos de hombres solidarios de los hombres profeministas. Trabajar ciertos aspectos del sexismo permite acercarse a las reivindicaciones feministas pues es menos violento asumir cambios cuando se pueden evadir los rigores de la autocrítica. Pero si se pretende afrontar un problema como es el patriarcado, es necesario comprender el complejo sistema en su totalidad, o al menos, en una mayor parte. Lo importante que hay que entender en el patriarcado para enfrentarse a él es cómo nos afecta a cada uno y en qué medida.

    Solo haciendo un ejercicio de verdadera autoevaluación y de auténtico trabajo personal se adquieren las herramientas para luchar contra él. Admitimos que el sexismo se naturaliza y que su influencia permanece invisible para los no concienciados y concienciadas. La socialización diferenciada por género causa que hombres y mujeres realicemos evaluaciones y acciones sexistas sin ser conscientes de ello, llevados por la fuerza de la costumbre La capacidad de cambio social que comienza por el cambio de uno mismo.

    Acertamos a ver que el grupo de hombres de Al-Garaia no adopta este acercamiento al problema aun simpatizando con el movimiento feminista.

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    Aunque entendemos que no es debido a una hostilidad hacia las mujeres. Los grupos de hombres no profeministas ven justas de las demandas de igualdad legal del feminismo liberal. Éstas acciones refuerzan, a su vez, la estructura y la mantienen. Pero también pueden ser motor de cambio al modificar levemente las reglas en cada recreación.

    Donde da cuenta de las carencias de una igualdad que se limita a lo formal y no a la realidad cotidiana. Para lo que se necesitan políticas de acción feminista. La naturalización de las relaciones de dominación y el esencialismo en los roles de género y años de costumbres patriarcales impiden ver procesos de perpetuación de los sistemas de dominación. Acusar a las mujeres de victimismo cuando son realmente víctimas de un sistema sexista no es una buena disposición para terminar con la dominación del varón sobre la mujer.

    De hecho, la naturalización de las relaciones de dominación hace difícil reconocerlas como tales incluso para la parte dominada. Las mujeres adoptan su situación de dominación como algo natural porque así han aprendido a verlo. Los hombres tienen el poder adquirido por adscripción masculina y las mujeres no. Por lo tanto, vemos que, en efecto, las oprimidas son las mujeres y los opresores son los hombres en el uso del poder.

    Debemos conceder que, afortunadamente, no todos los hombres son monstruos misóginos y machistas, y muchos hombres hay que conviven con sus seres cercanos sin ejercer la dominación, pero todo hombre tienen los privilegio adscritos de ser hombre y cualquier mujer ha de luchar mucho para conseguir muchos de los logros que creemos establecidos en la lucha feminista. Al igual que es sencillo desear que todos los ciudadanos del mundo tengan un buen nivel de vida pero difícil escapar de la sociedad de consumo que necesita países pobres para seguir consumiendo.

    E, incluso, si no las aprendemos, se nos otorgan externamente por comparación femenina. Para una sociedad que valora mejor lo masculino, mostrar aspecto maternal u hogareño no es una ventaja competitiva. Los datos avalan esta situación de discriminación con la escasa proporción de mujeres en puestos directivos, la menor remuneración comparativa, la doble o triple jornada, las cifras de agresiones, la violencia simbólica, etc.

    Solo es necesario ser capaz de sobreponerse a sí mismo y aceptar los datos y ser consciente del alcance de los propios actos. Reconocer una situación de injusticia es solo el principio de su confrontación cotidiana. Si bien, nadie nos pide ser héroes al menos no desde la crítica al patriarcado , sí que se nos pide no ser tiranos, que es, ya de por sí, una larga y gratificante lucha.

    Los hombres solidarios no aceptan su parte de responsabilidad en el mantenimiento de las estructuras patriarcales. Por un lado ofrecen apoyo a la emancipación de la mujer pero por el otro no parecen dispuestos a la pérdida de privilegios que supone la igualdad real. Existen los grupos de hombres igualitarios que se identifican con las reclamas de igualdad feministas.

    Para estos hombres la imagen del hombre como verdugo no es un problema pues reconocen que es solo una caricatura a la cual no quieren parecerse.


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    • De este modo se permite asumir la deuda histórica que como varones se contrae con las mujeres. Pero esto no significa que los feminismos estén demandando una inversión de la situación. Las mujeres vindican el espacio que se les negó desde el humanismo, compartir la situación de privilegio en la figura del ser humano, no del hombre, sobre la creación. Algunos hombres tienen una errónea percepción de las vindicaciones feministas.

      Las mujeres en forma de colectivo, no acusan a los hombres, de género a género, de violencia demandando una reparación y venganza. Los feminsmos vindican igualdad real, no revanchismo. Para los varones igualitarios comprender su papel en el juego sexista de la sociedad le permite la redención por medio del cambio aunque casi nadie pueden alcanzar este proceso sin ayuda. Aunque apoyan el feminismo, sobre todo el liberal, no se implican en las luchas de las mujeres teniendo sus propios campos de batalla. Localizando el patriarcado como problema y los roles de género tradicionales como barreras de crecimiento individual se oponen a éstos favoreciendo la existencia de nuevas masculinidades alternativas.

      El proceso de cambio social implica un cambio personal. El trabajo individual previo es fundamental para librarse de prejuicios. La división social por género es una de las primeras, si no la primera, que se realiza en la vida. La compartimentación de la realidad en grupos y las taxonomías son pilares de la compresión humana y eliminar los grupos que se han formado en la construcción de la personalidad, aun solo difuminarlos, es un duro trabajo.

      El trabajo individual de confrontación de los valores y su necesidad de adecuarlos a la realidad social es vital, como decíamos, para liberarse de ideas preconcebidas y conductas normalizadas, pero es importante también para asumir las responsabilidades que se adquieren en el proceso. En este caso, si tanto varones como mujeres son iguales con iguales responsabilidades y privilegios significa que las mujeres dejan de ser las eternas dadoras de tiempo con la necesidad de la compensación masculina.

      Lo que significa que en lugar de doble jornada para las mujeres se pasa a la jornada y media para ambos. Las masculinidades desde los grupos solidarios fomentan un aumento de las virtudes masculinas y una ayuda solidaria a las necesidades que generan las masculinidades hegemónicas.

      Hemos visto como la hegemonía masculina tenía consecuencias desagradables para los varones. Esta situación pude volver, intuitivamente, a los hombres en contra de las reivindicaciones feministas. La socialización diferenciada por género, deja la impronta en los individuos del divorcio del ser humano en mujeres y hombres como dos grupos diferenciados excluyentes. El hombre y la mujer, como dos ideas esenciales que se declinan en sus unas pocas variedades de hombres y mujeres. El ser humano se ve desde el mito de platón como dos mitades complementarias donde se reparten las características humanas.

      Estas dos mitades no tienen un valor igual y es la representación masculina la que se legitima filosóficamente para cargar con la responsabilidad del poder. La dominación masculina de las mujeres cumple, en este mito, la función de alcanzar la humanidad perfecta. Solo dominando a las mujeres, los hombres pueden totalizar la esencia masculina y femenina y ser seres humanos enteros. En una visión moderna de los mitos deíticos, los hombres, haciendo suyas a las mujeres, por medio del control y de la usurpación de su trabajo alcanzan el centro de la creación. Si el humanismo situó al ser humano en el centro de la creación, fue el hombre el que se sintió aludido y personalizó la esencia humana.

      Los hombres reinan, gracias a la técnica, la naturaleza y, gracias a las mujeres, dominan la vida. Esta visión, un tanto mística, de las relaciones entre hombres y mujeres como dos grupos irrevocablemente separados, tiene un calado mítico que permea la sociedad y se incorpora en las conductas y lógicas de la sociedad.

      Introducir la idea de que la mayor parte de las diferencias de género, hoy en día, son un producto social, de educación y condicionamiento, que todos los individuos hemos interiorizado e incorporado a nuestras vidas es un trabajo muy difícil para la mayoría de la población que permanece incrédula a estas teorías. Las ciencias naturales y una medicalización de la vida se han impuesto en nuestras sociedades y con ellas su explicación de los cuerpos y los sexos esencializada.

      El tiempo es dinero. Se asume esta necesidad en nuestras vidas privadas y en las cuestiones sociales. Se dificulta la crítica feminista por parte de estos sectores, puesto que cuentan con el apoyo de mujeres que son críticas con el feminismo y defienden el estatus quo. De este modo no pierden a sus aliadas machistas. Existen, entonces, hombres que critican y se oponen de forma activa al avance del feminismo. De hecho, los hombres antifeministas, niegan la existencia de barreras que impiden la igualdad real entre mujeres y hombres.

      Los grupos de hombres antifeministas niegan en gran medida la situación de discriminación de las mujeres. En la mayoría de los casos no es una abierta negación sino una omisión deliberada. Negar una discriminación suponen argumentar entorno a la postura mantenida, y, en los grupos de hombres antifeministas esto no siempre ocurre. La estrategia de los grupos de hombres antifeministas es la invisibilidad del problema. Lo que no se nombra no existe, y precisamente lo que no nombran los grupos antifeministas es la dominación patriarcal.

      No niegan el proceso, ni rebaten la situación. En suma no afrontan el problema generando unos argumentos congruentes compartidos a los hombres antifeministas. No hay coordinación entre sí. Parece haber una diferenciación en dos grandes grupos. Para los hombres antifeministas existe un feminismo legítimo y un feminismo radical no legítimo que se entromete intromisión de con los derechos masculinos.

      Las críticas al feminismo radical se le acusa de hembrismo. Las demandas del feminismo radical y sus logros legales son percibidos como un ataque a los derechos de los hombres y un intento de posicionarse, las mujeres, en situación de privilegio. No se reconoce la existencia de una situación previa de dominación masculina pero sí que se identifica un intento de someter al hombre como ciudadano de segunda.

      Uno de los frentes abiertos contra el feminismo es el legal, ocasionado por las leyes de violencia de género y de igualdad. Ante estas leyes algunos varones se sienten atacados, prejuzgados como agresores y opresores sin la percepción de haber cometido ninguna falta. Los hombres hacen lo que creen que pueden y se debe hacer. Señalar esta situación de desigualdad y dominación, como lo hacen los grupos feministas, significa apuntar sobre los privilegios que los varones consideran propios y demanda una reflexión personal que puede resultar ardua y poco interesante.

      Algunos hombres se sienten acusados por el feminismo radical al demandar reflexión personal y pérdida de privilegios. En algunos casos la situación se deforma mostrando como víctimas a los tenedores de privilegios. No se acepta la teoría de género que explica una situación estructural de dominación masculina pero, por el contrario, si se construye una estructura femenina confabuladora que busca instaurar una dominación femenina del hombre.

      Al parecer los argumentos son negados y tomados para construir una nueva realidad inversa. La idea de un complot de la mujer como dominadora del hombre suele construirse junto con unas supuestas lideresas, élite de mujeres pensadoras que lideran este proyecto. En una gran cantidad de comentarios y sitios web se alude directamente, o en menos ocasiones, indirectamente, a la culpa del Partido Socialista.

      De ahí que sean tan agresivas. Ven a los hombres como algo repugnante, porque han ido generando hacia ellos un sentimiento de odio, que partió de ese asco que sienten hacia ellas mismas por ser como la naturaleza ha hecho que sean, y por los sentimientos hacia los hombres que esa naturaleza les genera. El movimiento feminazi no es, por tanto, un movimiento contra los hombres, es sin duda un movimiento en contra de las mujeres, y de sus sentimientos instintivos.

      Incluso en los grupos de anti-feministas reconocen que la importancia de las mujeres en la sociedad ha crecido y no renuncian al posible apoyo de mujeres no-feministas y de hombres y mujeres no posicionados. Por suerte, en nuestra sociedad actual criticar las libertades ganadas de las mujeres es mal visto y versiones light feminista son esperadas.

      Podríamos entender esta situación desde una forma optimista y pensar que los avances sociales adquiridos no se pierden. Pero el peligro mayor de los grupos anti-feministas para la lucha feminista es la desactivación del feminismo mediante la proclama de que la igualdad real se da ya en la sociedad y que reivindicaciones femeninas contra la discriminación son accesos de fanatismo y de hembrismo.

      En, al menos, un par de entradas habla sobre el feminacismo: